viernes, 3 de abril de 2009

Pensar sin actuar.

Se ha ido.

Y no nos hemos visto.


Lo que pensaba que iba a pasar (pero en mi interior, esperaba que no sucediese), ha ocurrido al fin. Y encima pensará que soy un pesado. Pero sólo de pensar en él, se me pone la piel de gallina, se me corta el apetito, se me hace un vacío en el estómago y me cuesta hasta pensar.

Si él supiera...

Pero no lo sabe, y no lo sabrá. Me encantaría decirle: me gustas. Pero… ¿y si yo a él no? Olvídate de ser ni siquiera amigos. La relación se acabaría. Se acabaría todo.

¿Debería escribirle un mensaje, ver si ha llegado bien?

O mejor espero...

¿Esperar a qué?

A que no piense que soy un pesado.

Es sólo un mensaje, quiero parecer educado e interesado.

No me va a contestar. Nunca lo hace. Y acabaré mandándole otro mensaje más.

¿Y si le llamo?

No me lo cogerá.

¿Por qué racionalizamos todo tanto? ¿No sería mejor actuar según nos parece, no pensar todo tanto? Perdemos mucho tiempo pensando, pensando que sería lo mejor, que pasaría si… Y, por culpa de eso... muchas veces no damos el paso.


No digo que haya que actuar sin pensar. Pero tampoco hay que pensar sin actuar.

3 comentarios:

  1. yo fallo muchas veces en que actúo demasiado deprisa, sin pensar, tal y como me sale y lo pienso. pero también así soy más yo...no se. me gusta este blog :)

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  2. por cierto, deberías enviar un mensaje.

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  3. Me siguen encantando todas las palabras que escribes.

    ;-P

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