sábado, 19 de septiembre de 2009

Gilipollas.

Hay gente que hace daño. Y lo sabe. Pero prefiere ocultarlo. Y, más adelante, te habla como si nada. Cuando el daño ya ha sido hecho.


Yo puedo llamarte gilipollas que si luego te pido perdón, está todo olvidado y arreglado.



Pero es que las cosas no funcionan así. ¿Has probado a no hacer algo de lo que tengas que arrepentirte después? Hay gente que dice lo que piensa, dice lo que quiere, pero luego no se lo puedes reprochar. “Es que te digo las cosas como las pienso”.
Vale, yo también, eres un gilipollas.


Hay que ser impulsivos. No pensar las cosas tanto en la vida. Pero también hay que tener cuidado. Nunca sabes a quién puedes estar haciendo daño.

Una vez que hablas con alguien más de 50 palabras, ya ha entrado en tu vida.
Y no sabes cómo puede afectarle lo que hagas o dejes de hacer.

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